Dedicado inicialmente a San Buenaventura, nació gracias a la generosidad de doña Inés de Oropeza -viuda de don José López Gutiérrez- y de don Gaspar de Villanueva, quien donó el 27 de mayo de 1737 el terreno y dinero para su construcción.

La iglesia es de cruz latina cubierta con bóveda de cañón corrido, recibida con semicolumnas sólidas, características, al igual que el resto del interior, de la sencillez franciscana.

Sus retablos originales, destruidos el siglo pasado, fueron sustituidos por los actuales, neoclásicos, que no reproducen la calidad inicial.

Su pórtico principal, sencillo, armónico y proporcionado, con sus estípites o semicolumnas separadas del muro que lo remarcan, encarna con la mayor claridad el estilo barroco estípite que es representativo y casi único del Bajío.

Por siglos inconclusa, su única torre fue terminada, al igual que la propia del templo del Convento, en época del superiorato de fray Joel Medina O.F.M. en los años sesenta, en cuya estructura se encuentra colocado el reloj que, primera-mente integrado a la original torre del reloj en el Jardín Principal, fue donado a la ciudad por el entonces presidente de la república Álvaro Obregón